EL
CÁLIDO ENCANTO DE UNA CIUDAD DEL NORTE
- OSLO
La capital de Noruega tiene en sus museos
y parques los principales alicientes para
una visita llena de sorpresas
© Texto y fotografías:
JAVIER PRIETO
Es lógico que en un país del
norte cada rayo de sol valga su peso en
oro. Cada caloría ofrecida por el
astro rey se bendice como un don y se aprovecha
como si fuera la última. La mayor
parte de las veces, pasan semanas entre
un rayo de sol y el siguiente. Por eso,
cuando el cielo se vuelve azul y las temperaturas
rondan los veinte grados los noruegos se
desparraman sobre cualquiera de sus muchos
parques, buscan las piscinas o alguno de
su millón de lagos y se regalan un
helado detrás de otro. Es su ola
de calor.
Cuando el sol se hace un hueco en el firmamento,
cuando las nubes se distraen aunque sólo
sea por un par de horas, Oslo -los habitantes
de Oslo- recobra la lucidez, el brillo que
puntea los ojos de cualquier persona feliz.
El verde de sus parques luce con toda la
densidad de la savia bien alimentada; sus
muchas estatuas asombran por su pulcritud,
milagrosa en un país con palomas;
las calles parecen sacudidas por la intensidad
de una fiebre saludable; los frecuentes
y amplios aparcamientos de bicicletas se
desbordan hasta conformar una masa compacta
de hierros y pedales; los bancos de las
plazas y los parques se llenan de lectores
somnolientos ávidos de aire libre,
palabras y aventuras. Cualquier rincón
es bueno para remangar camiseta y pantalón
y dejar que el sol prenda sobre cada centímetro
de la blanquecina piel nórdica. Cada
quemadura será el tatuaje de un instante
dichoso. Un recuerdo para enseñar.
Es en esos momentos de brillo y de color
cuando esta ciudad del norte acoge al visitante
con sus mejores galas, le brinda el cálido
abrazo de quien todavía recibe al
forastero como a un pariente lejano. Después
de todo, en Oslo están acostumbrados
a aprovechar el sol: estadísticamente
es la capital más soleada de Escandinavia.
Según cuenta la saga -cada una de
las leyendas poéticas que relatan
las tradiciones heroicas y mitológicas
de la antigua Escandinavia- Oslo, la capital
escandinava más antigua, fue fundada
por el rey Haral Hardrade en el año
1048. Tras uno de los frecuentes incendios
que sufrió la ciudad, consecuencia
de la cotidiana utilización de la
madera en las construcciones de toda Noruega,
Oslo acabó por trasladarse algo hacia
el oeste hasta ocupar su actual emplazamiento,
al final del profundo fiordo Oslofjord,
con 100 kilómetros de longitud salpicados
de pequeños islotes y ensenadas.
El topónimo Oslo significa poblado
–Os- junto al río Lo.
|